jueves, 10 de enero de 2013

Comunión con Cristiano


http://p2.trrsf.com/image/get?src=http%3A%2F%2Fimages.terra.com%2F2013%2F01%2F09%2F20130109634933647978480221.jpg&o=cf&w=619&h=464
Una década llevaba el Madrid sin remontar una eliminatoria y tan solo dos minutos estuvo ayer eliminado en octavos de final de la Copa del Rey, los que tardó Ronaldo en agarrar un saque de banda de Arbeloa, no le hace falta mucho más al portugués para hacer virguerías, y mandar un zapatazo al fondo de las mallas que clasificaba al Madrid por el valor doble de los tantos fuera de casa.
Y por si acaso algunos, los que no le votaron como mejor jugador del mundo -o los que sí pero no-, entendieron el tanto del portugués como una ecuación en la que el portero vigués ejerció de incógnita determinante; el crack de Madeira se despachó a gusto con otros dos goles, uno más delirantemente anulado, y una asistencia en las postrimerías del partido. Así que los premios dirán lo que quieran, pero Cristiano es un futbolista superlativo, que ha realizado una campaña espectacular, ha ayudado al Madrid a ganar la Liga más complicada del mundo y a su selección a colarse entre las cuatro mejores de Europa. Su comunión con el Bernabéu es total y sus galones en el equipo se agigantan a cada partido.
Pero el Madrid ayer no fue solo Cristiano, pese a lo que se lea por ahí. El Celta, que se presentó en el Bernabéu con seis bajas voluntarias en su once, de entre las cuales llamaba poderosamente la atención la de Iago Aspas, tal vez lo fió todo a mantenerse vivo en la eliminatoria dosificando la renta de la ida hasta la última media hora y ahí inyectar a su crack en el partido para tratar de sacar petróleo. Y pese a lo contundente del 4-0 del resultado, no estuvieron tan lejos de conseguirlo, porque tras acabar la primera mitad con un 2-0 y ver cómo Ramos era expulsado rigurosamente (la segunda tarjeta fue una estupidez suya, pero la primera lo fue del árbitro) mediada la segunda parte, el escenario les dibujó la prórroga a solo un gol de distancia con un rival nuevamente diezmado.
Sin embargo, en inferioridad el Madrid volvió a sentenciar con dos zarpazos en los que Ronaldo estuvo, cómo no, de por medio. En el primero selló el hat-trick que el línea le había negado en la primera parte después de una cabalgada sideral de las suyas cuando los demás boquean hasta para ir a por agua a la banda. Y el segundo fue una pared fabulosa entre Khedira y el portugués que acabó con el alemán trastabillado frente a la portería del Celta y rematando de una manera tan poco académica que el balón entró mansamente entre las piernas del defensa, sorprendido como todos por tan retorcida finalización. Es de estudiar lo de este chico. Pocos delanteros en el mundo crean tantas situaciones de peligro como él últimamente; una lástima que su habilidad para generarse ocasiones no venga acompañada de un mínimo despliegue técnico. Claro que, si fuera así, sería su renovación y no la de Cristiano la que traería de cabeza al madridismo.
El partido terminó con el público encendido, la eliminatoria superada y el Valencia esperando en cuartos. Antes hubo pitos a Mourinho y aplausos a Iker, que salvó los muebles con 2-0 en tres ocasiones, y volvió a mostrar su inseguridad habitual en los balones parados. Y, siendo el público soberano, cabe preguntarse si lo que ha mediado entre el Mourinho coreado hace escasos meses por desbancar en Liga al que se denomina mejor Barça de la Historia y éste al que ahora se pita son los 16 puntos de desventaja que separan al equipo blanco del líder o la devastadora campaña mediática que se ha hecho contra un entrenador cuyo máximo pecado ha sido no tolerar injerencias externas en la gestión deportiva del equipo. Ronaldo, que además de capitán in péctore tiene últimamente la sensatez por bandera, hizo ayer un llamamiento a la unidad del equipo y la afición. Para los que ahora claman contra Mourinho y luego pedirán continuidad y proyecto, sirvan las dos competiciones en los que todavía sigue vivo el equipo como motivación para dejar de tirar piedras contra el tejado propio.

domingo, 6 de enero de 2013

Regalo trampa

 
Fueron pocos, apenas sesenta mil, los aficionados que decidieron acercarse a recoger su regalo ayer por el Bernabéu. Dieciséis puntos y un horario que se prestaba más a sobremesas familiares tuvieron a buen seguro la culpa de las ausencias, y es probable que el morbo del debate de la portería fuera el responsable de que el índice de deserciones no fuera aún mayor. Sea como fuere, ninguno de los que se asomaron por Concha Espina pudo prever que el fútbol les fuera a obsequiar con un guion tan retorcido.
Sobre todo cuando en el minuto dos un pase medido de Khedira, y aunque algunos no lo crean esas cuatro palabras a veces empastan bien, habilitó a Benzemá para adelantar al Madrid. El arranque aventuraba, si no goleada, sí al menos cabalgata plácida porque el rival era de esos que, en condiciones normales, suelen fiarlo todo a no encajar primero. Pero el guion de ayer no era normal y cuando no habían pasado ni seis minutos Adán convirtió un despeje en un runrún que el ataque txuriurdin podría haber pasado perfectamente por alto, pero la insistencia de Carvalho en anunciarlo por megafonía permitió que Vela se acabara plantando solo delante del portero. Un recorte después, el delantero mexicano estaba en el suelo, Adán injustamente en los vestuarios (ni era el último hombre ni el atacante iba a puerta), Xabi Prieto en el punto de penalti, Casillas bajo palos y la grada incendiada. Porque si ya en el calentamiento el veredicto popular había levantado el pulgar al mostoleño, su inesperada salida al césped le colmó aún de más aplausos e hizo soñar a la parroquia blanca y a algún que otro antimourinhista con una parada redentora desde los once metros que elevara su santidad a cotas intocables.
Por desgracia para el portero del pueblo y para el Madrid, el guion del partido no era un mal telefilme de las tres y media, y Xabi Prieto firmó las tablas y un interruptus en muchas redacciones. Empate y un hombre menos con ochenta y cinco minutos por delante, este punto de giro debería estudiarse en las escuelas de cine.
Lo que siguió fue el natural hundimiento anímico de la tropa merengue, que en los momentos de zozobra se sostuvo exclusivamente por la descomunal fe en sí mismo y en su equipo que tiene Cristiano Ronaldo y por las luces de Mesut Özil. La Real dominó buena parte de la primera mitad, obligando a los de Mourinho a correr detrás del balón, exprimiendo su superioridad y sembrando un cansancio que hubiera podido ser catastrófico ante cualquier otro rival. Pasada la primera marejada, el Madrid se levantó de la lona con la convicción suficiente como para hilar un par de jugadas de peligro. En una de ellas, un disparo de fogueo de Carvalho acabó en las mallas tras ser desviado por el tacón de Khedira. Y sí, tacón, Khedira y gol son palabras que a veces también riman.
Pero poco duró la alegría en casa del diezmado, porque un desafortunado rechazo de Xabi Alonso dejó de nuevo a un atacante realista solo delante de Casillas y su remate fue tan implacable que poco hubo que objetar al nuevo empate. Al filo del descanso, un contragolpe de tres para dos mal lanzado por Benzemá acabó, no obstante, con un disparo del francés que se estrelló en el poste derecho de la portería de Bravo. No satisfecho con la pirueta narrativa de negarle a los locales la victoria parcial al descanso, el guionista del partido dejó el rebote de la madera en las botas de Khedira, que a portería vacía mandó el balón a hacer pareja con el del penalti de Ramos. Esto a los del tacón y la asistencia sí les parecerá más normal.
A la vuelta de vestuarios no hemos podido confirmar si Cristiano saltó al césped con barba y corona; pero tampoco sería de extrañar, a juzgar por las dos perlas con las que aflojó la soga que amenazaba de asfixia al actual campeón de Liga. La primera, tras una genial asistencia de Benzemá, que pese a su gol y medio no estuvo a su mejor nivel, sirvió para desequilibrar la balanza. El segundo, de falta, sirvió para retratar a todos los comentaristas que tiemblan como colegialas con el juego de pies de Bravo pero se olvidan de que los porteros suelen tener que usar más las manos. En el 4-2, las del portero chileno hicieron honor a su nombre y parecieron ovacionar el disparo del crack de Madeira en lugar de tratar de desviarlo.
Resuelto el partido saltó al campo el Pipa y la grada le agradeció sentidamente las múltiples carreras que se ha echado con esta camiseta. El argentino tuvo en sus botas el 5-2 nada más entrar, pero el guionista entendió que era mejor negarle el éxtasis tras su larga lesión, como ya le había rechazado la gloria eterna al capitán en la primera parte. Y como suele suceder en estos casos, al segundo punto de giro le sucedió una complicación en forma de gol de Xabi Prieto, que culminó así el hat-trick más hermoso e inservible de su carrera.
Los apuros de última hora no fueron tales porque el colegiado, que se resistió a equilibrar los efectivos de ambos bandos hasta que no le quedó más remedio, expulsó justamente a Estrada. El Madrid impuso entonces su mayor experiencia, hora y cuarto larga, jugando con diez y el partido expiró mansamente con el mismo resultado, 4-3. Tres puntos que abren la puerta a una nueva batalla, la de la Copa el miércoles contra el Celta, que promete tener también un guion de infarto.

jueves, 28 de julio de 2011

Karim de buen agüero

El día comenzó con el final de uno de los culebrones del verano: Agüero hacía pública su marcha al segundo equipo de Manchester. Sufridores por contrato, tanto se empeñaron los atléticos en evitar que el argentino cambiara de acera que el destino, a menudo macabro, les deparó una suerte si cabe más cruel: su estrella, su mejor jugador, el hombre franquicia les deja, no por el mejor club del mundo, sino para sumarse al harén futbolístico de un nuevo rico con escasa historia y menos títulos.
Y aunque algunos nos hayamos quedado con una inevitable sensación de interruptus en el cuerpo, ayer había un hombre feliz sobre el césped del Olímpico de Berlín, donde el Real Madrid debutaba en pretemporada sobre suelo europeo a las seis de la tarde contra el equipo de la capital, que en Alemania tampoco es decir gran cosa. El tipo en cuestión luce el 9 a la espalda y somos tantos los que lo hemos querido defenestrar a estas alturas que ya puede decir bien alto que es un superviviente.
Karim Benzemá, con un aspecto más desaliñado y rocoso, ya le gusta a Mourinho. Y no será por la calidad, de la que resultaba estúpido dudar, sino por la convicción. Ayer supo que no vendría al Madrid uno de los que estaban llamados a discutirle el puesto y se reivindicó con una tarde magistral que incluyó remates variados, quiebros de salón y carreras de esas que dibujan líneas de puntos en la mente de los pasadores. Ah, y dos goles.
Eso sí, fue el Hertha, ese equipo que revolucionó un campeonato ya de por sí fácilmente inflamable como la Bundesliga y al año siguiente se fue a Segunda, el que aprovechó su mayor rodaje para castigar la verbena defensiva del Madrid en los comienzos con un inapelable disparo cruzado de Ebert ante el que Marcelo pareció hacer más de lo que hizo y Casillas no pudo hacer nada.
Con el Madrid grogui, Cristiano Ronaldo se sacó un libre directo desde casi cuarenta metros, de esos que dejan a los porteros confiando más en la física que en sus propias estiradas. Para desgracia del portero alemán, y como tantas veces sucede con los disparos de CR7, la bola bajó a plomo y se estrelló con virulencia contra las redes. Aparentemente no hizo mucho más el portugués, pero no es mérito menor ser capaz de sacar al equipo de la lona hasta en los amistosos de pretemporada. Tampoco es despreciable ver la cantidad de recursos rivales que agota hasta en los días más grises, ya sea en forma de legiones de piernas en el césped o de gargantas furiosas en la grada. A este chico le pitan hasta en los amistosos.
Con el campo un poco más inclinado hacia la portería teutona, comenzó el recital de Karim, que sentenció con el 1-3 definitivo cuando se llevaba apenas una hora de juego. Y no marcó más por su excesiva bondad en una jugada en la que hizo de todo: perder el balón en un mal pase en profundidad, presionar, recuperarlo, irse de su marcador con un toque sutil, plantarse solo delante del portero y buscar el segundo palo cuando el cancerbero ya pedía clemencia. Pero lo importante, más allá de la victoria y de los goles fue que Karim ayer fue feliz y lo ratificó de la mejor manera posible: haciendo olvidar a las novias que no llegaron a serlo. 
R
Foto: Real Madrid

domingo, 22 de mayo de 2011

La cultura de la paciencia

Para los incrédulos de la progresión, no hay receta mejor que las estadísticas. Sobre todo cuando, sumergidos en la vorágine de la competición, a veces perdemos la perspectiva de las muchas cosas que pueden suceder durante nueve meses. No hace ni un año el Madrid penaba para marcar goles. En los comienzos de la competición de la regularidad, ayer finiquitada, el equipo merengue necesitó cinco jornadas para perforar seis veces la red rival. En dos de esas ocasiones, se tiró incluso hora y media sin acertar entre los tres palos.
Ayer, contra el Almería, equipo que selló su defunción más o menos cuando el Madrid empezó a mirar más por las Copas que por la Liga, el Mou-team metió ocho goles, dos más que en aquellas primeras cinco jornadas. Lo hizo, además, con algunos protagonistas impredecibles en aquellas alturas.
Uno, Adebayor, por no encontrarse presente entre las huestes que comenzaron la temporada. El togolés, mal que les pese a algunos, ha cumplido a la perfección su cometido, y si el Madrid ha estado pugnando hasta el final por todos los títulos, ha sido en buena parte porque, gracias a él, se esfumaron los escalofríos que, sí, eso también pasó, despertó la baja de Higuaín. Manolito marcó ayer tres para engordar una estadística que no le hacía justicia, pero hoy por hoy sigue siendo el complemento perfecto para la delantera del Madrid. Sí, Agüero está en otra liga, pero mientras a este deporte se siga jugando con un solo balón, a este Madrid le vendrán mejor futbolistas como Adebayor.
Otro de los que lucieron ayer fue Benzemá. Más allá de sus dos goles, volvió a ser ese futbolista trufado de detalles técnicos y, más importante que todo eso, de confianza, un Nureyev con coraza de acero. Mal haría Mou si, como se escuchó ayer, estuviese tan empeñado en largar a monsieur, ahora que se avista el final de la travesía por el desierto.
También marcó, sí, un canterano, Joselu, detalle desafortunadamente extraño en las últimas temporadas. Y, esto ya es más normal, el Bicho, el que siempre hace algo, redondeó su estratosférica cifra de goles con un doblete más. Habrá marcado 40 cuando recoja la Bota de Oro y 41 cuando vaya a por el pichichi, pero lo más importante es que, con todo lo que ya era, y era mucho, éste año ha dado más todavía.
Cierto que, en días como el de ayer, se echan en falta la pérdida de puntos en peajes innecesarios; sin ir más lejos, el Almería descendido y goleado (y el árbitro, por qué no) hurtó al Madrid de los 102 goles dos puntos en la primera vuelta. Ha habido más casos también, a lo largo de la temporada, de equipos goleados en el Santiago Bernabéu que lograron hacerse fuertes en su feudo. A bote pronto, se recuerdan los ejemplos del Levante o el Deportivo, al que desde este foro ya se le vaticinó un destino cruel después de su paso por el Bernabéu.
Con todo, y como ya se había ido adelantando en los balances previos de la temporada, este año se ha ganado mucho más de lo que se ha perdido. Más allá del título conseguido, insistimos, no menor en absoluto, se ha empezado mucho mejor de lo que se ha acabado, se han disputado los títulos, se han recuperado jugadores y se ha ido fraguando un bloque. La mejor noticia es que no hace falta fichar mucho más, o al menos no hace falta acometer grandes fichajes. Una segunda buena noticia sería que en el club se haya instalado la cultura de la paciencia, porque se ha demostrado que el tiempo, por poco que ha pasado desde que Mou cogiera el equipo, hace que el viento sople a favor. Más allá de un título, se ha ganado un año de experiencia y, parece, pocas ganas de tirarlo a la basura. En unos meses, más.
R

Foto: Reuters 

lunes, 16 de mayo de 2011

CRécord


A falta de alicientes mayores, el madridismo se congregó ayer frente a los televisores esperando la pedrea. Un premio menor, sí, teniendo en cuenta que no es un club éste que celebre especialmente los pichichis, pero curioso en este caso por lo infrecuente. Fue otro goleador merengue, Hugo Sánchez, palabras mayores, el que había establecido una marca mítica que ayer dinamitó el Bicho.
Nueve goles, nueve, en los últimos tres partidos han aupado al crack de Madeira a unos registros que, si las cosas siguen como hasta ahora, permanecerá en la memoria y en las estadísticas durante muchos años. Hay legiones de futboleros que jamás vimos jugar a Zarra, pero así y todo su nombre se nos asocia sin remisión al gol contra Inglaterra y a un pichichi de récord. No sería extraño que a Cristiano le esperase una suerte similar con las próximas generaciones; así que, visto así, no fue poco lo que se presenció ayer en El Madrigal.
Y es que, como ha sido costumbre esta temporada (excepción hecha del Barça), el Madrid ofreció su mejor cara en el campo de un rival de tronío. Su primera parte en Villarreal fue la mejor publicidad contra todos aquellos que acusan a Mourinho de jugar feo. Toque en zonas de las que hacen daño, posesión relevante, fútbol vertical, jugadores enchufados.
El mejor ejemplo de ello fue, una vez más, Marcelo, que marcó el primer gol tras una cabalgada lanzada por Kakà con un toque sutil que desnudó la obsesión amarilla por los pases a Cristiano. El jugador brasileño ha completado una temporada espectacular por primera vez desde que llegó al Madrid, cosa que no logró con ningún entrenador anterior. Y eso, por más que a algunos les duela, es un hecho.
También ha sido un hecho la titularidad de Benzemá, jugador que pasó de la promesa a la reivindicación. Nuevamente, en la ecuación del francés sólo ha cambiado de un año a otro la incógnita del entrenador. Otro hecho.
Cristiano, por su parte, ayer enchufó dos chicharros de falta (sobre todo el segundo, con el tiempo cumplido) para dejar su registro en una estratosférica marca de 39 goles en Liga. El portugués ya había demostrado ser muy bueno la temporada pasada. En ésta ha llegado a superlativo. A su borrachera de goles e indiscutible peso en el juego del equipo esta temporada se le ha sumado su carácter decisivo en partidos a vida o muerte, como la final de Copa. El año pasado no ocurrió y en la ecuación sólo ha cambiado la incógnita del… ¿adivinan?
Como este invento está plagado de expertos cortoplacistas, parece haberse instaurado un cierto tufo de derrotismo entre la parroquia blanca que, anticipamos, se agravará si al Barça le da por ponerse a cinco Copas de Europa del Madrid el próximo día 28 en Wembley. Por eso conviene recordar los logros no menores obtenidos este año, como los citados anteriormente, o el triunfo de Copa (no por menor sencillo, especialmente si se echa un vistazo a los rivales que hubo que superar), o haber peleado todos los títulos hasta las últimas instancias.
A veces nos olvidamos de que, por más grande que sea la Historia, en un deporte se puede perder. Incluso mejorando mucho, incluso jugando bien, a veces hay equipos mejores. En este caso, en la acera de enfrente habita un once que lleva conjuntándose muchas temporadas y que ha cumplido tres años con el mismo entrenador, una versión 2.0 de su antecesor. Ahí sí nos ganan, pero es cuestión de tiempo: el que queramos darle al proyecto de Mourinho para obtener una continuidad que permitirá agrandar el salto de calidad que ya se ha empezado a dar este año.
R
Foto: AP

domingo, 8 de mayo de 2011

Raro, raro, raro

Por si se han olvidado, no hace mucho que Mourinho era imbatible en casa. Eran tiempos en los que el Madrid todavía estaba en la lucha por la Liga, y los siguientes partidos como local, contra Sporting y Zaragoza, convertían en una rareza pensar que se podría romper una racha de nueve años. Pues se perdieron. Los dos.
Después del Sporting se visitó Valencia y, tras lo de Zaragoza, ayer tocó visitar Sevilla; plazas ambas tradicionalmente de no muy buen fario para los intereses merengues. Pues bien, en ambas ocasiones, el Madrid tuvo el partido sentenciado ya al descanso y acabó firmando seis goles.
¿Raro? Pues hay más: el Real Madrid sólo ha perdido cinco puntos en Liga contra los ocho primeros de la clasificación. Sí, los cinco que volaron hacia Barcelona. Ante los ocho últimos de la tabla, en cambio, fueron doce los puntos que emigraron de Chamartin. Doce.
Si les resulta más ilustrativo pensar en el saldo contra equipos de la misma comunidad, recuérdese que se pinchó contra el Almería y, en cambio, se liquidó al Sevilla en ambos enfrentamientos. Contra el Levante, ese equipo resucitado en la segunda vuelta, se empató hace ya mucho. En cambio, contra el Valencia de Champions  se sacaron seis puntos.
Me disculparán que hable tan poco del partido de ayer, pero si les soy sincero (y saben que siempre lo soy), cuantos más goles caían en la meta de Javi Varas, más me venían a la mente todas las reflexiones anteriores. Es el fútbol, sí, un deporte raro y caprichoso. Sin ir más lejos, Cristiano marcó ayer cuatro goles y el mejor del partido fue Benzemá. Lo del chico francés es un caso también raro: a principio de temporada Mourinho aseguraba que al que se vio el año anterior en Madrid no era a él, sino a su primo. A final de curso parece que estemos viendo a su primo, sí, pero al de Zumosol. A falta de Di Marías, buenos son Benzemás para alegrarse la vista con una buena presión. Si se me han perdido los últimos tres meses de competición les diré que sí, que han leído bien. Benzemá ahora presiona.
Mejoras como la del francés no son en absoluto desdeñables. Frente a lo caprichoso de este juego, pues en ninguna otra clave se puede entender nada de lo explicado al principio de esta entrada, sólo queda el trabajo. Ese que llevó a no caer contra segundabés en la Copa y a firmar una tarjeta impecable en esta competición. Ese que colocó al equipo en el palco de honor de la máxima competición continental. Ese que, hay que recordarlo, ya ha dado sus frutos en el primer año de un proyecto con una media de edad descaradamente baja. El futuro puede resistirse todo lo que quiera con caprichos y renglones torcidos. Pero no le quedará más remedio que acabar vestido de blanco. 
R
Foto: AFP

miércoles, 4 de mayo de 2011

La venganza de los Sith

Quienes habíamos visto el aluvión de clásicos que nos ha deparado el mes de abril y parte de mayo como la primera confrontación conocida entre galaxias futbolísticas de esta magniitud, pensamos que ayer, como en la hexalogía de George Lucas, veríamos la última película, la que daba nombre a la saga, una guerra de las galaxias en toda regla, una batalla suprema por el dominio del fútbol continental y, tal vez, mundial. El título de esta crónica, sí, iba a ser ese: “La guerra de las galaxias”.
Lamentablemente ayer la noticia no fue el fútbol ni las galaxias futbolísticas, sino, y más lamentable es que esto no sea novedad, los de negro. En la saga de películas más famosa de la historia de la ciencia ficción, los de negro se llamaban “Sith”, un grupo de seguidores del lado oscuro de la fuerza que emplean el odio para preservar las prebendas del poder oligarca. Los reconocerán porque anteponen el título “Darth” delante de su nombre.
Ayer, por más que vistiese de amarillo, el de negro fue Darth De Bleeckere. A los que ya entramos en una edad que nos hace lucir canas (o en algún caso, calvas), la actuación del árbitro (¿?) nos recordó a la de este anuncio. Aunque no se subió el cuello de la camiseta (sería difícil este año), Higuaín hizo de Cantoná en una jugada a estas horas tan glosada que optaré por resumir como la decisión arbitral más esperpéntica jamás vista. Si Guardiola inauguró el grupo de entrenadores que critican los aciertos del árbitro, Darth De Bleeckere se inventó ayer la falta de alguien a quien hacen falta. Y tan buena le pareció su creación que decidió estrenar su aplicación a lo grande, anulando el 0-1. Menudo fenómeno.
Y después llegó lo que medio planeta pudo ver, el gol de Pedro, el arrebato de furia del Madrid, materializado en un gol de Marcelo después de una espléndida jugada de Di María que acabó con Mascherano, cómo no, por los suelos. Quedaba media hora de sueños que Darth De Bleeckere se encargó de convertir en pesadilla con una actuación menos escandalosa pero igualmente exasperante.
El Barça tiene su final. Enhorabuena. Los hay incluso que hablan de satisfacción y justicia. Allá ellos. Hay gente que miente y gente que se cree sus mentiras porque es lo único que les permite encerrar su conciencia detrás de la puerta de su propia ruindad. Gente que, además, adorna la mentira con efectismos baratos. Por desgracia, eso no hace que sus vidas dejen de sustentarse sobre mentiras. 
R
Foto: Reuters